sábado 31 de diciembre de 2011

El otoño del patriarca



La primera vez que lo encontraron, en el principio de su otoño, la nación estaba todavía bastante viva como para que él se sintiera amenazado de muerte hasta en la soledad de su dormitorio, y sin embargo gobernaba como si se supiera predestinado a no morirse jamás, pues aquello no parecía entonces una casa presidencial sino un mercado donde había que abrirse paso por entre ordenanzas descalzos que descargaban burros de hortalizas y huacales de gallinas en los corredores, saltando por encima de comadres con ahijados famélicos que dormían apelotonadas en las escaleras para esperar el milagro de la caridad oficial, había que eludir las corrientes de agua sucia de las concubinas deslenguadas que cambiaban por flores nuevas las flores nocturnas de los floreros y trapeaban los pisos y cantaban canciones de amores ilusorios al compás de las ramas secas con que venteaban las alfombras en los balcones, y todo aquello entre el escándalo de los funcionarios vitalicios que encontraban gallinas poniendo en las gavetas de los escritorios, y tráficos de putas y soldados en los retretes, y alborotos de pájaros, y peleas de perros callejeros en medio de las audiencias, porque nadie sabía quién era quién ni de parte de quién en aquel palacio de puertas abiertas dentro de cuyo desorden descomunal era imposible establecer dónde estaba el gobierno.


El otoño del patriarca (fragmento)

Gabriel García Marquez.


martes 13 de septiembre de 2011

Thamar y Amnón

La luna gira en el cielo
sobre las tierras sin agua
mientras el verano siembra
rumores de tigre y llama.
Por encima de los techos
nervios de metal sonaban.
Aire rizado venía
con los balidos de lana.
La tierra se ofrece llena
de heridas cicatrizadas,
o estremecida de agudos
cauterios de luces blancas.


Thamar estaba soñando
pájaros en su garganta,
al son de panderos fríos
y cítaras enlunadas.
Su desnudo en el alero,
agudo norte de palma,
pide copos a su vientre
y granizo a sus espaldas.
Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas.
Amnón delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.
Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza,
con un rumor entre dientes
de flecha recién clavada.
Amnón estaba mirando
la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos
durísimos de su hermana.


Amnón a las tres y media
se tendió sobre la cama.
Toda la alcoba sufría
con sus ojos llenos de alas.
La luz maciza, sepulta
pueblos en la arena parda,
o descubre transitorio
coral de rosas y dalias.
Linfa de pozo oprimida
brota silencio en las jarras.
En el musgo de los troncos
la cobra tendida canta.
Amnón gime por la tela
fresquísima de la cama.
Yedra del escalofrío
cubre su carne quemada.
Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.
-Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda.
-Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas.
-Thamar, en tus pechos altos
hay dos peces que me llaman
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa encerrada.



-Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas.
-Thamar, en tus pechos altos
hay dos peces que me llaman
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa encerrada.

Los cien caballos del rey
en el patio relinchaban.
Sol en cubos resistía
la delgadez de la parra.
Ya la coge del cabello,
ya la camisa le rasga.
Corales tibios dibujan
arroyos en rubio mapa.

¡Oh, qué gritos se sentían
por encima de las casas!
Qué espesura de puñales
y túnicas desgarradas.
Por las escaleras tristes
esclavos suben y bajan.
Émbolos y muslos juegan
bajo las nubes paradas.
Alrededor de Thamar
gritan vírgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada.
Paños blancos, enrojecen
en las alcobas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y peces cambian.

Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.
Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras
cortó las cuerdas del arpa.


Romancero gitano

Federico García Lorca

viernes 24 de junio de 2011

La verdad sobre el caso del señor Valdemar


...

A efectos de librar del trance hipnótico al paciente, acudí a los pases habituales. De entrada resultaron infructuosos. La primera indicación de un retorno a la vida lo proporcionó el descenso parcial del iris. Como detalle notable se observó que este descenso de la pupila iba acompañado de un abundante flujo de icor amarillento, procedente de debajo de los párpados, que despedía un olor penetrante y fétido.

Alguien me sugirió que tratara de influir sobre el brazo del paciente, como al comienzo. Lo intenté, sin resultado. Entonces el doctor F... expresó su deseo de que interrogara al paciente. Así lo hice, con las siguientes palabras:

—Señor Valdemar... ¿puede explicarnos lo que siente y lo que desea?

Instantáneamente reaparecieron los círculos hécticos en las mejillas; la lengua tembló, o, mejor dicho, rodó violentamente en la boca (aunque las mandíbulas y los labios siguieron rígidos como antes), y entonces resonó aquella horrenda voz que he tratado ya de describir:

—¡Por amor de Dios... pronto... pronto... hágame dormir... o despiérteme... pronto... despiérteme! ¡Le digo que estoy muerto!


La verdad sobre el caso del señor Valdemar (fragmento)

1845. Edgar Allan Poe


martes 1 de marzo de 2011

La ley de la vida


Con pie ligero siguieron el rastro. Incluso él, Koskoosh, que no había aprendido aún a seguir rastros, hubiera podido seguir aquél fácilmente, tan visible era. Los muchachos continuaron con ardor la persecución. Así leyeron la terrible tragedia recién escrita en la nieve. Llegaron al punto en que el alce se había detenido. En una longitud tres veces mayor que la altura de un hombre adulto, la nieve había sido pisoteada y removida en todas direcciones. En el centro se veían las profundas huellas de las anchas pezuñas del alce y a su alrededor, por doquier, las huellas más pequeñas de los lobos. Algunos de ellos, mientras sus hermanos de raza acosaban a su presa, se tendieron a un lado para descansar. Las huellas de sus cuerpos en la nieve eran tan nítidas como si los lobos hubieran estado echados allí hacía un momento. Un lobo fue alcanzado en un desesperado ataque de la víctima enloquecida, que lo pisoteó hasta matarlo. Sólo quedaban de él, para demostrarlo, unos cuantos huesos completamente descarnados.

De nuevo dejaron de alzar rítmicamente las raquetas para detenerse por segunda vez en el punto donde el gran rumiante había hecho una nueva parada para luchar con la fuerza que da la desesperación. Dos veces fue derribado, como podía leerse en la nieve, y dos veces consiguió sacudirse a sus asaltantes y ponerse nuevamente en pie. Ya había terminado su misión en la vida desde hacía mucho tiempo, pero no por ello dejaba de amarla.

La ley de la Vida

Jack London

miércoles 30 de junio de 2010

Oceano mar


... envuelta en un chal violeta, la cabeza cubierta, mide lentamente la playa, bordeando la resaca del mar, y surca de derecha a izquierda la ya perdida perfección del gran cuadro consumando la distancia que la separa del hombre y de su caballete hasta llegar a unos pasos de él, y después justo junto a él, donde nada cuesta detenerse- y, en silencio, mirar.
El hombre ni siquiera se da la vuelta. Sigue mirando fijamente el mar. Silencio. De vez en cuando moja el pincel en una taza de cobre y esboza sobre la tela unos cuantos trazos ligeros. Las cerdas del pincel dejan tras de sí la sombra de una palidísima oscuridad que el viento seca inmediatamente haciendo aflorar el blanco anterior. Agua. En la taza de cobre no hay más que agua. Y en la tela nada. Nada que se pueda ver.
Sopla como siempre el viento del norte y la mujer se ciñe su chal violeta.
-Plasson hace días y días que trabajais aquí abajo. ¿Para que os traéis todos esos colores si no tenéis valor para usarlos?
Eso parece despertarlo. Eso le ha afectado. Se vuelve para observar el rostro de la mujer. Y cuando habla no es para responder:
- Os lo ruego, no os mováis – dice.
Después acerca el pincel al rostro de la mujer, vacila un instante, lo apoya sobre sus labios y lentamente hace que se deslice de un extremo a otro de la boca. Las cerdas se tiñen de rojo carmín. Él las mira, las sumerge levemente en el agua y levanta de nuevo la mirada hacia el mar. Sobre los labios de la mujer queda la sombra de un sabor que la obliga a pensar “agua de mar, este hombre pinta el mar con el mar”- y es un pensamiento que provoca escalofríos.




Oceano mar


Alessandro Baricco

miércoles 3 de marzo de 2010

La iliada


Y Janto, el agilísimo corcel, bajó la cabeza, tocando el suelo con sus crines, que caían por la extremidad del yugo, y respondió de esta manera, porque Hera le había dotado de voz:

-¡Oh fogoso Aquiles! Hoy tambien te salvaremos, pero el día de tu muerte está ya próximo, aunque nosotros no seremos culpables de ella, sino un dios poderoso y el hado funesto. No fueron nuestra lentitud ni nuestra pereza quienes tuvieron la culpa de que los teucros quitaran la armadura de los hombros de Patroclo, sino que lo mató el dios fortísimo a quien parió Leto, la de hermosa cabellera, cuando combatía en primer lugar, para conceder gloria a Héctor, porque si de nosotros hubiera dependido, por salvarlo hubieramos volado tan raudos como el soplo del Céfiro, que es considerado como el más veloz de los vientos. Pero tú también estás destinado a sucumbir en esta ribera por la mano de un dios y la de un mortal.

Al pronunciar estas palabras, las Furias le cortaron la voz; y el velocísimo Aquiles contesto iracundo:

- ¡Janto! ¿Por qué me profetizas la muerte sin tener necesidad de profetizarmela? Ya sé que mi destino es el de morir aquí, lejos de mi padre y de mi madre, pero, a pesar de ello, no descansaré hasta que haya cubierto la tierra de muertos, después de poner en espantosa fuga a los troyanos.

Y dichas estas palabras encaminó a los caballos a prímera fila, dando voces espantosas.

Canto XIX
La iliada
Homero

lunes 23 de noviembre de 2009

Gastrónomos


Era un hombre de unos cincuenta años y su rostro no era muy agradable. Todo era boca -boca y labios-, esos labios gruesos y húmedos del sibarita profesional, con el labio inferior más saliente en el centro, un labio colgante y permanentemente abierto con el fin de recibir más fácilmente la comida y la bebida. Como un embudo, pensé yo al observarle: su boca es un embudo grande y húmedo.
Lentamente, levantó el vaso hacia la nariz. La punta de la nariz se metió en el vaso, y se deslizó por la superficie del vino, husmeando con delicadeza. Agitó el vino en su vaso, para poder percibir mejor el aroma. Parecía intensamente concentrado. Había cerrado los ojos y la mitad superior de su cuerpo, la cabeza, cuello y pecho parecían haberse convertido en una sensitiva máquina de oler, recibiendo, filtrando, analizando el mensaje que le transmitía la nariz, con sus aletas, carnosas, eréctiles, nerviosas y sensitivas. Observé a Mike, sentado en su silla, aparentemente despreocupado, pero atento a todos los movimientos. La señora Schofield, su esposa, estaba sentada muy erguida en el lado opuesto de la mesa, mirando de frente, con gesto de desaprobación en el rostro. Louise, la hija, había separado un poco la silla y, como su padre, observaba atentamente los movimientos del sibarita.
Durante un minuto el proceso olfativo continuó; luego, sin abrir los ojos ni mover la cabeza, Pratt acercó el vaso a su boca y bebió casi la mitad de su contenido. Después del primer sorbo, se paró para paladearlo, luego lo hizo pasar por su garganta y pude ver su nuez moverse al paso del líquido. Pero no se lo tragó todo, sino que se quedó casi todo el sorbo en la boca. Entonces, sin tragárselo, hizo entrar por sus labios un poco de aire que mezclándose con el aroma del vino en su boca pasó luego a sus pulmones. Contuvo la respiración, sacando luego el aire por la nariz; para poner finalmente el vino debajo de la lengua y engullirlo, masticándolo con los dientes, como si fuera pan.
Gastrónomos
Relatos de lo inesperado
1979. Roald Dahl

viernes 11 de septiembre de 2009

El Tambor de hojalata


...Tú eres sin duda el pequeño Óscar, ¿verdad? De ti hemos oído ya hablar mucho. ¡Qué bien tocas! ¿No es cierto, niños, que nuestro Óscar es un buen tambor?
Los niños bramaron, las mamas se apretujaron más: ya la Spollenhauer había recobrado el dominio de sí misma. —Pero ahora —dijo con su voz de falsete— vamos a guardar el tambor en el armario, pues debe estar cansado y tendrá sueño. Después, al terminar la clase, te lo podrás llevar.
Y mientras iba desovillando estos propósitos hipócritas, mostróme sus largas uñas recortadas de maestra e intentó acercar sus manos, diez veces recortadas, a mi tambor que, Dios me valga, ni estaba cansado ni tenía sueño. Primero aguanté firme y puse mis brazos con las mangas del suéter alrededor del cilindro llameante rojo y blanco; la miré, y luego, viendo que conservaba impertérrita su rutinaria mirada inmemorial de maestra de escuela pública, la traspasé con los ojos y encontré en el interior de la señorita Spollenhauer materia suficiente como para llenar tres capítulos de escándalo; pero, como de lo que se trataba era de defender mi tambor, me arranqué de su vida interior, y anoté, al pasar mi mirada por entre sus omóplatos, sobre una piel relativamente bien conservada, una peca del tamaño de un florín recubierta de largos pelos.
Sea que se sintiera penetrada en sus intenciones por mi mirada o a causa tal vez de mi voz, con la que a guisa de advertencia y sin causarle daño rascaba yo el lente derecho de sus anteojos, es el caso que renunció a la pura violencia que le pintaba ya de blanco las muñecas —tal vez no soportara sin escalofríos el rascado del vidrio—, retiró con un respingo las manos de mi tambor y dijo: —Eres un Óscar malo —y lanzando a mamá, que ya no sabía dónde esconderse, una mirada llena de reproche, me dejó mi tambor, que no dormía en absoluto...
Capitulo "El horario"
El Tambor de hojalata
1959. Günter Grass

domingo 28 de junio de 2009

9

Hola.
Esta vez, además del enlace a slideshare, he publicado todas las páginas en este rincón.

http://www.slideshare.net/musicaconmiopia/9-1650544










































jueves 28 de mayo de 2009



Que tal gente?
Dejo este anuncio homenajeando al mejor equipo de futbol que he visto en mi vida.

En Julio publicaré el último relato que he hecho hasta la fecha

Saludos.

miércoles 11 de marzo de 2009

Uriel


Pensando sobre el origen del “Mal” (lo mismo que podría estar pensando en el origen del bien ó en si están más buenos los huevos escalfados ó fritos) se me ocurrió ilustrar, alterando algunos símbolos, la respuesta más extendida en occidente. Para respuestas con mayor verosimilitud consultar textos sociológicos o antropológicos.

http://www.slideshare.net/musicaconmiopia/uriel

domingo 2 de noviembre de 2008

Selenitas asociados


Relato inspirado en el cine de ficción cientifica de los años 50,cuya frescura e inocencia son irrecuperables


http://www.slideshare.net/musicaconmiopia/selenitas-asociados-presentation/

viernes 6 de junio de 2008

Al ritmo de Manu.







A la memoria del periodista Ryszard Kapuscinski (1932-2007) cuya obra inspiró este relato.

viernes 9 de mayo de 2008

A quien se pase por aquí le recomiendo que vea las animaciones que tiene mi colega Javi en su espacio.

http://javier-vm.blogspot.com

Aprovecho para comunicar que en Junio publicaré un nuevo cuento.

Saludos

sábado 1 de marzo de 2008

martes 11 de diciembre de 2007

Enamorada

Por fín,despues de algún imprevisto,publico este relato.
Como curiosidad,la inspiración no vino de fuentes literarias o cinemátograficas más obvias,como puede parecer








http://www.slideshare.net/musicaconmiopia/enamorada

domingo 2 de septiembre de 2007

Cafebot


Quiero dedicar este relato a todos los amantes del café que conozco.

sábado 7 de julio de 2007

Señoras y señores,caballos y ponys:
En este rincón internautico iré publicando mis pequeñas creaciones.

Lucas en el norte del norte




De momento, la manera que voy a usar para compartir los cuentos es a traves de las direcciones de slideshare.
La calidad de las imagenes es bastante más baja que los originales.
Si lo quereis tener con calidad aceptable me lo haceis saber y os envio el archivo original en formato para powerpoint a vuestro correo electrónico. Saludos a todos.